Camino del Salvador. De la Pulchra Leonina a la Sancta Ovetensis. La Montaña Leonesa.

Mis amigos peregrinos de Granada.Araceli y Antonio Clavijo

LA ROBLA.

Saliendo de Cascantes, una pintada nos indicará sí queremos ir por carretera para ver la ermita de La Celada, o por la Vega de Crispín cuyo recorrido en su mayor parte se desarrolla por caminos de tierra.

De Cascantes rumbo norte, por el entono de Crispín se bordea la Central Térmica para seguir por entre zonas abiertas hasta poder atravesar de nuevo el Bernesga y allegarse a La Robla que es uno de esos pueblos históricos entre la meseta y montaña leonesa, al cual la industrialización y la minería, lo esculpió a gusto y capricho haciendo de él un pueblón sin muchos atractivos.


Camino ya de núcleo urbano tenemos la Ermita de La Celada, en cuyo emplazamiento se registró en su momento un hospital de peregrinos y donde se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Celada, y debió ser un edifico viejo, en el que debió de estar iglesia de esta aldea, lego se construyó encima la ermita, en el siglo XIV, suplantado por otro más actual que se data del siglo XIV, aunque encima tiene varias reformas, como todo edificio religioso que se preste, y que en su momento dependió del monasterio de Carbajal de las Leguas., aunque tambien consta que dependió del monasterio de San Pelayo de Oviedo, pues en el siglo XIII hubo donación a San Pelayo por parte de su abadesa María González de Gordón (1330) 

Ermita de la Celada

Luego ya lo dicho fueron las Carbajalas quienes toman el mando de esta institución. de Celada, cobrando un foro anual de  un ducado a Pedro García y a sus herederos, vecinos de La Robla, por la «heredad y casa de Nuestra Señora de Zelada» (26), pasando luego a patronato de la Casa de los Quiñones de Alcedo. Desde entonces aparecerá siempre como santuario. Aunque  terminó dependiente de la Encomienda de los Dominicos, hasta pasar en 1828 a la Parroquia de La Robla.

Lo cierto que es un edificio bastante austero, y de cuya traza incial solo queda la  capilla, se suprimió la sacristía lo que dío un acceso por una puerta adintelada.

El presbiterio es deplanta cuadrada, está cubierto por bóveda de crucería de nervios poco resaltados. La nave, rectangular, por bóveda de cañón, cuyos arcos fajones están correspondidos en el exterior por sendos contrafuertes. Al frente, hacia el antiguo camino, tenía entrada por u n gran arco de medio punto, que fue cegado parcialmente durante el siglo XVII para dejar acceso por una puerta adintelada de bellos sillares, sobre la que se halla el escudo de los Quiñones en piedra. De esta época debe de datar asimismo la espadaña del campanario.

Tuvo edificios anexos dedicados al peregrino, y que estuvo sostendia por la Cofradía  de los Doce Clérigos Nobles de Alba, la del cual se puede entresacar el escudo de una de la familias astur-leonesas como fueron los Quiñones de Alceo que contaba con el patronato de la parroquia de Alcedo y por consiguiente la ermita, al pertenecer a ese patronato quedaba bajo su control. Para entender el control que los Quiñones de Alcedo tenían en la zona de Alba.

Escudo de los Quiñones de Alceo

La ermita como no podía ser menos está rodeada por una serie de leyendas. «La tradición popular relaciona esta ermita con la época de la Reconquista, cuando las refriegas entre moros y cristianos eran constantes en estos valles. Cuenta la leyenda que en una de esas batallas, los cristianos de la zona se encontraban en clara desventaja frente al poder andalusí, por lo que rogaron a la virgen su intercesión en la batalla. Gracias a la intervención de la virgen los cristianos consiguieron la victoria y en agradecimiento levantaron, como en tantos otros puntos de la geografía hispana, una ermita de vocación mariana». [8]

En La Robla en el mismo templo parroquialo ledaños hubo un hospital concejil, al menos uno bajo la advocación de San Pedro, ddao que  hay constanci de otro en el siglo XVIII bajo e patronazgo de Santa Lucía, y se cita ya en el año 1693 el cual estaba «dedicado al socorro tanto de peregrinos como de pobres, estuvo atendido por la cofradía de la Magdalena» y hasta no hace mucho se podían ver sus ruinas al pie del Camino.
Albergue actual de La Robla

En la época del Catastro de Ensenada, en 1753, estaba dotado de solamente una cama y carecía de rentas. Su edificio fue el único de este tipo conservado hasta la década de los sesenta con el nombre de «Casa de los Pobres». Este era de reducidas dimensiones y una sola planta, de factura muy similar a las casas rústicas tradicionales de la comarca.

Es muy probable que existiese otro hospital en esta localidad dependiente de la Orden de S. Juan a finales de la Edad Media, ya que, si bien carece de referencias directas al mismo, nos consta la presencia en la comarca de abundantes propiedades de esta orden militar desde el siglo XVI, bienes que, por tanto, cabe suponer adquiridos durante la Edad Media en condiciones que no podemos precisar.

Durante el siglo XVII sabemos que seguían percibiéndose las rentas correspondientes a estas propiedades, llevadas por diversos vecinos de La Robla: en 1602, 1617 y 1619 se cobraron a los herederos de Alvar García y su yerno Bayón 13 ducados por las fincas de Alba. En 1618 hace el pago Gonzalo de Quiñones, y en 1627 Domingo de Alcedo (35). En 1797 todavía se menciona el prado de S. Juan de Rodas sito en La Robla, en «el Valle», que lindaba con otro llamado de «S. Lorenzo» y un ejido conceji.

Hay que indicar que en La Robla pasa de Este a Oeste, otro significado camino que viene nace en las tierras vascas sube por las de Cantabria, para entrar por debajo de la Cordillera Cantábrica, y en la Robla seguir hacia las tierras de Omaña hacia Villafranca del Bierzo, se trata del Camino Olvidado.

El Encañau

 La Robla se abandona tomando la carretera que va al norte, paralela a la carretera Nª-630, y al río Bernesga, y a cuyo paso nos daremos de frente con el acueducto de El Encañao, que si no es por la placa uno ni se entera, menos mal que el patricio Jovellanos nos lo significó en sus Diarios, como una obra importante que «se estaba construyendo en abril de 1795» y que ayudaba a pasar el agua entre Puente de Alba y Alceo, y se cree que dicho paso ya venía de la época romana.

Un poco más allá se pasa por el entorno del puente del Alba que sirvió durante años de portazgo y a su merced creció el pueblo que estuvo vinculado a la parroquia de Santa Colomba y a la ermita de san Torcuato de Peredilla, en dicho enclave debió de haber otro modesto monasterio.

Cruzado el puente el camino nos lleva al pueblo, ubicado ya en tierras gordonesas: Peredilla del Camino como la denomina en sus Diarios el tribuno Jovellanos. Al cruzar la aldea ya se nos muestra un urbanismo que nos deja notar que nos acercamos a la montaña leonesa.


ERMITA DE BUEN SUCESO.

A la salida de Peredilla del Camino, se vira a la izquierda para entrar por debajo de un puente, lo que nos lleva a un camino de servicio de la Renfe, cruzando de esta manera el lugar de La Vega y quedar al término de esta travesía, ante en la hermosa ermita del Buen Suceso, fruto de esa dislocación entre situar el templo en un sitio y las fuerzas llamémosles telúricas pues optan por otro, esa es la leyenda vinculada a esta majestuosa ermita.

 Una edificación la actual que descansa sobre otro templo anterior del siglo X marcando la frontera e Alba y Gordón en el trazado de la vía romana que unía las villas Legio Séptima Gemina y la Lucus Asturum.

Un edificio que se empezó en 1766 y que casi cien años más tarde sufrió una profunda reforma que es la que se nos muestra, con su pórtico de tres arcos y buena espadaña, en definitiva, una edificación de un matizado estilo barroco, con guiños jacobeos, cuyo sello podemos adivinar a través de las representaciones de las diversas conchas que salpican las paredes del templo, el cual se tiene como un santuario de gran atracción popular en toda la zona, al igual que la imagen de la Inmaculada que data de 1766, pequeña estatuilla de madera policromada.


Aunque su edificación es moderna, tanto su asentamiento responde a épocas más antiguas, frente a la portada principal se encuentra la Casa de las Novenas, que en su día fue un activo «albergue y hospital de peregrinos y desamparados».

Como dice el maestro Polledo, si la gazuza aprieta, digamos que este es el mejor lugar para darse un descanso y probar, bien el menú de la casa o las tortillas del restaurante Buen Suceso, pues solo podremos manducar bien aquí, o en Pola de Gordón.


POLA DE GORDÓN.,

Se deja el santuario de Buen Suceso, siguiendo durante unos metros por el margen de la carretera Nª-630, para desviarnos hacia el pueblo de Nocedo de Gordón, que presenta una notable iglesia rural del siglo XIX.

El camino no entra en el pueblo, sino que ante él se va a la derecha hacia una gran vega camino del estrechamiento de Sierras Negras del Cajal y la Sierra del Picón, los cuales dejan paso a la Nª 630, a la vía de la Renfe y Ave, y al río Bernesga, el Camino que desfila por la carretera se ciñe a la Curva del Molino, entrando de ese modo en la vega de Huergas de Gordón, cuyo núcleo queda al otro lado de todas estas infraestructuras, perteneció en tiempos de Alfonso III a la mitra ovetense, aún contiene la iglesia de san Martín y una ermita, la bajo la advocación de san Mateo.

Pola de Gordón, a la cual se baja, pasando por delante de una derruida casona lindera con la vía ferroviaria, tras lo cual nos damos de bruces con un monolito levantado en homenaje Al Paisano, a Horacio Fernández Inguanzo, significado maestro de escuela y socialista que dirigió las famosas Colonias Escolares de Gordón.

Debido a la guerra civil la villa fue destruida, y reconstruida por el programa Regiones Desvastadas, aun así, con todo, queda aquí y allá, algún detalle histórico, pues no en vano en tiempos de Ramiro II este territorio fue cabecera administrativa de las tierras del Bernesga, de hecho, se hizo famoso el Portazgo de Gordón del que se tiene constancia en 1248, del cual se recoge una curiosa cláusula: «que en Pola no se tomasen portazgo ni exigieran gabelas a los vecinos de Oviedo».

Tal vez por haber sufrido esa devastación, y por ser cuna de una hidalguía ganadera le quedan algunos motivos históricos y algunos recuerdos heráldicos, algunos de los cuales se encuentran ubicados en los laterales del Ayuntamiento, pudiendo ver al paso alguna que otra casona de ladrillo visto de gran talla, cosa típica en la meseta castellana, así como algún otro edificio de estilo Indiano, y poco más se puede hallar en tan digno núcleo que será en el último pueblo en el que nos podremos abastecer hasta llegar a Campomanes o a Pola de Lena.


Como núcleo asentado en las trazas peregrinas, contó con un hospital del que se tiene constancia en 1750, del que se recoge en un informe que «solo sirve para recoger peregrinos y enfermos» disponía de casa y un prado, siendo atendido por un hospitalero, el resto, las comidas y demás era algo que los peregrinos debían procurarse por sí mismos. La iglesia bajo la advocación de Santa María de la Asunción es del siglo XVII, pero tras el período bélico, fue arrasada, es lo que motiva que lo que estamos viendo es un nuevo templo de mediados del siglo XX.

Iglesia de Beberino

BEBERINO.

Una vez se cruza hacia el polígono, nos podemos acercar hasta la gasolinera que preside la zona, en cuya tienda son notables el buen pan y los embutidos y quesos de la zona, viandas ideales para realizar la travesía hacia Pola de Lena y máxime sabiendo que no hay servicios donde comprar provisiones.

Vueltos a la carretera LE-473, se cruza el río Bernesga por el remozado puente Tornero, que tiene algunas trazas muy antiguas, se dice que romanas, se sigue por dicho carril hasta el estirado pueblo de Beberino, ubicado al par de otro significado río, como es el Casares.


Beberino se desarrolla como pequeña aldea a lo largo de la carretera citada, y presenta alguna peculiaridad, pues ya Jovellanos recogía en sus Diarios, que «En Beberino está lo que llaman la Ropería de Guadalupe, (las roperías eran las casas donde los pastores trashumantes guardaban y preparaban los hatos, sirviendo incluso de enfermerías), y que un monje con sus criados eran los que cuidaban de la gran cabaña del monasterio repartida por estas montañas» y como no de las almas de los pastores y del pueblo de Beberino.

Tales edificios eran propiedad del Monasterio de Guadalupe, pero apenas si queda algo más que un mosaico en una fachada que representa a la Virgen extremeña y en cuya leyenda se puede leer NIGRA SUM DE GUADLUPE y un escudo de armas.

Ermita de Nuestra Señora del Valle,

BUIZA.

La estrechez de la hoz nos deja ante una abertura del valle en la cual se emplaza la ermita de Nuestra Señora del Valle, (s. XVI) y perteneciente a un rústico estilo renacentista, que nos presenta un bondadoso pórtico en el cual aposentarse unos minutos, y rememorar los tiempos de los antiguos peregrinajes por estos predios, pues hasta el siglo XVIII este modesto santuario contó con un hospital, el cual es de suponer que debía ser muy modesto.


Buiza, como núcleo leonés es citado en el año 1036 en documento por el cual Fernando I, lo dona a la mitra ovetense, y en él se ubicó otro hospital de peregrinos, puesto que fue lugar de paso ya en tiempos prehistóricos, pero más cercanos a nosotros tenemos como huella de esos tránsitos los caminos empedrados que facilitaban los pasos por la Cordillera Cantábrica, tanto para la dominación, como para el control y administración de los territorios cismontanos y transmontanos.

Posteriormente algunos de estos trazados fueron renovados por la ayuda, por ejemplo, del obispo de Oviedo (1512-1525), Fray Diego de Muros II, con la intención de mejorar las comunicaciones entre León y Asturias. Téngase en cuenta la vieja anécdota, creo ya contada de cuando se llevaba piedra de Salamanca para la catedral de Oviedo, se daba a los arrieros la guía de viaje, pero esta al llegar a la frontera astur leonesa, decía al «llegar a las Asturias de Oviedo fuérase por donde pudiérase».


El albergue e Buiza ubicado en lo que fueron las antiguas escuelas del pueblo, ofrecen un modesto alojamiento que bien sirve para los menesteres peregrinos de una noche antes de acometer el paso de la Cordillera.

El patricio Jovellanos le dedicó sus buenos apuntes al pueblo, pues no en vano pasó por él en varias ocasiones, una de ellas en 1796, en cuya fecha durmió en casa de la viuda Dª Manuela, no sabemos sí con ella, pues nada de ello dicen los cronistas de la noticia, Carmen Piñán y Bernardo Canga.[1]


DE BUIZA A PAJARES

Esta es la etapa culmen del recorrido, en tanto que empiezan los tramos de montaña hasta poder culminar el paso de la Cordillera Cantábrica por el mítico Puerto de Pajares, eso sí tras visita obligada a la colegiata de canónigos de Arbas, que representa un importante input en ese permanente trasiego entre las cortes y mitras leonesas y ovetenses.

Se materializa con esta etapa un cambio de aguas vertientes, pues una vez en Pajares se entra en una retorcida geografía asturiana, llena de pueblos colgados de las empinadas laderas que se dejan morir al borde de los ríos que van al mar Cantábrico.

El reto de esta etapa puede ser muy romántico y placentero con bellas puestas de sol, con verdes y floridos valles y cantarinas riegas, o por el contrario puede ser un tedioso purgatorio lleno de nieblas, agua, barro, sin menospreciar la nieve, de todo nos puede pasar en estos altos parajes fronterizos entre León y Asturias.

De hecho, desde el mismo pueblo de Buiza los viejos peregrinos contando con el aspecto climatológico, ya desde antiguo se habían buscado una variante por cotas más bajas y zonas más pobladas, para lo cual tomaron el camino de Villasimpliz donde hubo un hospital fundado y dotado en 1548 por el canónigo leonés Fabián Bayón, quien estableció que fuese atendido por u n hospitalero que residiera en el mismo, y que se diese a peregrinos, pobres y enfermos agua, fuego y sal, y se mantuviese la puerta abierta tanto de día como de noche. Además, debería tocarse la campana del hospital cuando las condiciones así lo requiriesen, para orientar a los peregrinos y ya en el valle por Villamanín poder ganar a través del Camín Real de Castilla, convertido más tarde en el eje de la Nª 630 poder ganar la colegiata de Arbas y el puerto Pajares. 


Puesto que en Villamanín hubo noticia de otro hospital de características similares a las de Villasimpliz, tambiéndedicado a peregrinos, pobres y enfermos y atendido por la correspondiente cofradía y un hospitalero, igualmente obligado a residir en el edificioy atender de día y noche a los que lo necesitasen.

En tiempos de bonanza el alto paso de la Codillera presenta variantes de envergadura hacia los valles asturianos, por ejemplo, a través de la alta cordal de La Carisa, cuya sierra se conforma mediante un plegamiento entre las cuencas del río Aller y el Caudal, dicha calzada romana es un auténtico desafío por su longitud, aunque son muy pocos los peregrinos que realizan esta alta variante. En este sentido tanto la parte leonesa como la asturiana presentan una gran variedad de trazados peregrinos, unos muy actuales y otros prácticamente abandonados.

Al salir del albergue  de Buiza podemos contemplar la vieja estructura de un templo dedicado a san Antonio de Padua y al Santo Cristo del Amparo, ha sido datado como de finales del XVII. Edificio privado del cual queda como testigo la ciega portada con arco de medio punto, y una hornacina con remate a modo de concha con el remate de la frase «el sol ideo honor et gloria».

Este original camino se va por la izquierda pueblo arriba, atrás van quedando las casas hidalgas de los Álvarez Quiñones o de los Alfonso Villafañez, los cuales muestran en las portaladas de sus casonas los blasones familiares.

El camino trepa hacia la bifurcación de Los Canales,  a la derecha veremos por donde circula la variante de Villasimpliz que como se puede ver va más baja y dirección noreste.

Pronto el cómodo camino de tierra y hierba va tomando altura a la vez que nos presenta su primoroso y deteriorado firme de piedra a modo de estructura de camino real, la senda se va abriendo paso por entre el roquedo ganando así las famosas Forcadas de San Antón, abriéndose paso por entre las calcáreas laderas de Peña Raya. 

El trazado histórico presenta su estructura antigua pese a los mordiscos de las escobas y los brezales, entre los cuales sobresalen los retorcidos robledales.

Los tramos de calzada romana muestran su estructura y concluyen tras dejar atrás los repechos más duros para concluir en la Forcada de San Antón, punto más alto de este tramo desde el que da vista, si la vegetación lo permite a las vertientes de Buiza y a la de Rodiezmo, en esa proliferación de núcleos monásticos esto hace que en dichos entornos haya tenido hueco otro pequeño y anónimo monasterio, al igual que hubo al NE de Puente del Alba, bajo la advocación de san Cipriano, este recibiría en 1087 una donación para los pobres: «pro luminaria aque stipenda pauperum vel colegio fratrum».

A partir de esta significada collada el camino se abre a modo de pista emprendiendo una bajada por una densa repoblación de pino, el descenso busca lo fondero del valle, pero nuestro caminar no va tan abajo, al cruzar el arroyo que baja de la Collada de Pedrosilla, un poco más adelante tras la segunda caseta de captación de agua, esta marca nuestro desvío.


POLADURA DE LA TERCIA.

No deja de ser curiosa la presencia de San Martín por estos lares, (San Martín de la Tercia) lo cual corresponde a la advocación al santo de Tours (316-397), aunque nacido en Hungría, este fue un soldado romano de profesión y cristiano de vocación, su tumba acabó a partir del s. IV, por convertirse en uno de los lugares de peregrinación más afamados del continente. La presencia de este santo en las tierras peregrinas provenga de la presencia de peregrinos, y sobre todo de origen franco, los cuales dejaron como recuerdo en el medio rural la figura del oso, aquel que se comió su mula de san Martín, y que luego este amansó para que hiciera las veces de montura. Leyenda la cual quedó anexionada a otros muchos santos, con y sin osos de por medio.


En el enclave de bifurcación, existe otro camino, el cual debían coger los arrieros, más que los peregrinos, dada la comodidad para el transporte de trajines, se trata del camino que, ante la caseta de captación de aguas, se va valle abajo por la pista abajo, pasando por el desfiladero u hoces de Rodiezmo hasta llegar a la Cruz de la Salve, donde había tradición de rezar una oración para que la travesía fuera buena.

Poladura de la Tercia, el alojamiento peregrino está ubicado en las viejas escuelas del pueblo.

En este poblamiento se dice que hubo un hospital anexionado a un monasterio, ¿Tal vez el de san Cipriano? y se habla de él en estos términos de «factura medieval y traza mozárabe», el cual a su vez se haya mentado en algunas documentaciones del siglo XIII al igual que el hospital que se menciona como Santa María de Gemiel, y el cual cuidaban un tal Pedro Tomás y su mujer Olalla, como tal equipamiento dependía del monasterio de Santa María de la Vega de Oviedo. Toda esta zona dependió eclesiástica y civilmente de Oviedo


También hubo un monasterio, el de San Cipriano, que debía ser un cenobio familiar, pues no se hayan restos documentales ni se sabe que tuvieran scriptorium, se cree que con sus restos se levantó la iglesia parroquial, pero con la destrucción durante la guerra civil, al intervenir el programa Regiones Desvastadas, los diversos elementos como «canecillos que incluían motivos alegóricos: conchas, cabezas, panes, cubos o figuras geométricas…, durante las obras de reforma del tejado y la espadaña desaparecieron todos los modillones y otras marcas y relieves de piedra existentes en la fachada».

Victor Guerra

[1] http://buiza.cranf.net/hist_docus.html

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