Beato de Liébana y Eterio de Osma en la Corte del rey Mauregato en Santianes de Pravia

Ilustración 53 Territorio de Pravia

La Corte regia de Santianes de Pravia. El abad Beato de Liebana y Eterio Obispo de Osma.

El día 25 de noviembre de 785 amaneció resplandeciente, dejando asomar por unas horas unos buenos rayos de sol, que marcaron la entrada de Asturias en la esfera internacional, aunque las crónicas permanecieran mudas, y esos rayos hicieron, si cabe, la profesión como monja y abadesa de Adosinda un acto solemne y de especial transcendencia, ya que, en parte puso punto final, al periplo de una mujer como Adosinda, y daba entrada por primera vez a una mujer de la corte regia de Asturias en los muros conventuales, para regocijo de unos, y enfado de otros.

Pero así eran las cosas de los godos o visigodos astures, lo que demostraba que las cosas estaban cambiando, Silo había sido un rey “indígena”; una descendiente de Pelayo y Alfonso I había facilitado el cambio de la corte regia a Pravia, y donde ahora reinaba el hijastro de Alfonso I.

Ilustración 54 Nave de la Iglesia de Santianes de Pravia

La ceremonia de la entrada en el claustro fue llevada a cabo por tres monjes de gran prestigio como eran: Fidel abad del monasterio de Santianes, y uno de los asesores de palacio de Mauregato; Eterio como obispo de Osma, insertado al igual que Beato en el monasterio de San Martín de Turieno, donde se cree que era abad.

Estas situación nos abre un amplio abanico de reflexiones, puesto que además del propio acto de la exreina, este será el momento cuando, tanto Eterio como el propio Beato, entren en la escena política y religiosa de Asturias, aunque las crónicas históricas permanecen mudas y no nos aclaran, por ejemplo, acerca de la inclinación de unos y otros sobre la realidad que se daba en esos momentos en Pravia, pues hay quien expone que la llegada de Beato a la nueva corte obedecía a su lealtad con Adosinda y por consiguiente con la entronización su sobrino Alfonso, a la vez que se le presenta como defensor de una cierta ortodoxia cristiana, aunque no cabe duda que su postura y argumentación será lo que lo que sirva de enlace con la corte de Carlomagno, y su alter ego en asuntos religiosos, como era otro notable monje: Alcuino de York.

Por otro lado, hay quien se inclina a pensar que Beato y Eterio reforzaron el bando de los defensores de Mauregato, el rey despreciado por la historia, y esto lo realizan en base a la supuesta redacción de himno O dei Verbum, dado su cariz de composición laudatoria hacia Mauregato

Sin duda, Beato se había desplazado dada la invitación para asistir a un acto como era la toma de hábito de una noble como Adosinda, lo cual debía de revestir toda solemnidad y de relevancia posible, aunque tanto Beato como Eterio, fueran ignorantes de que ese preciso momento, se enzarzarían en un complejo y proceloso mundo de realidades políticas y religiosas las cuales tendrían su origen entre el monasterio de Turieno y sus desarrollo en la modesta corte regia praviana, lo cual traspasará durante lustros la realidad asturiana y la de la propia Hispania, involucrando al imperio franco en estas realidades teológicas revestidas de importantes matices políticos.


La Toma de hábito de  la ex reina yviuda Adosinda

 Los tres monjes se pasaron unas hora debatiendo como llevar adelante la toma de hábitos de la ex reina Adosinda, algo excepcional en la corte e iglesia asturiana, tenían claras las referencias sobre la profesión de los monjes, en general muy sencilla, pero actuar ante la importante entrada de una noble ya era otro cantar, pues además Adosinda que ya estaba desde hacía dias en el seno de las nuevas dependencias monacales en el monasterio de San Juan, que pasaba a ser dúplice, concluidos tales adecuamientos que habían arrancado una vez muerto el rey Silo y tomada la decisión regia de que la descendiente de la vieja estirpe visigoda tomara los hábitos,

Ahora ocupaba un ala del monasterio junto a algunas de sus siervas que con ella entraban en el claustro.

Comenzaron los monjes con una ceremonia sencilla cantando el himno de bienvenida en nombre de la trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, llegada ante ellos la propia Adosinda, como de las dos siervas que profesaban junto a ella, más dos damas cortesanas que también tomaban los hábitos, los cuales fueron bendecidos por los celebrantes.

Luego las postulantes fueron revestidas con los nuevos ropajes, fuera de los ojos de los presentes, incluso de los del rey Mauregato, sentado en el amplio trono situado a un lado del altar, se las revistió entre tules y gasas, tras lo cual iniciaron la oración de bendición y la cantata de un salmo, tras lo cual se ciñó a las nuevas monjas con el cinturón o cíngulo en nombre de la trinidad, y proceder a bendecir a las monjas postradas en el suelo.

Fueron acompañadas las nuevas monjas hasta sus aposentos monacales, entrando los asistentes para entonar unas letanías, y pasar al refectorio donde se agasajaba a los familiares, cortesanos, clérigos y monjes.


El encuentro de rey Mauregato y los monjes lebaniegos: Beato y Eterio.

Tras los saludos de cortesía y los cambios de impresiones todos se refugiaron en sus aposentos, al día siguiente era la toma de hábitos de la viuda de Silo, o sea el martes 26 d noviembre del 785, a primera hora el rey con sus consejeros y cortesanos daba audiencia a los notables monjes Beato de Liebana y al obispo Eterio de Osma, ya que de su pluma había salido un importante libro: Comentarios al Apocalipsis de San Juan, y era considerado como un alter ego de la iglesia asturiana, y un asesor en materia religiosa, al cual el rey hacía tiempo que no veía, pues no había estado presente en sus coronación, tal vez había quedado, como otros muchos , expectantes para ver lo que acontecía en la línea sucesoria a la regia corona asturiana.

Texto que había logrado Beato, le había encumbrado y nadie se explicaba como de un apartado monasterio como el de Turieno, podía salir un libro tan bello y tan interesante, este lo había compuesto el scriptorium de San Martín bajo la batuta de Beato y lo había realizado mediante la técnica del «zurcido de diversos pasajes los Padres de la Iglesia», pero en esto consiste precisamente la técnica literaria empleada, en un «zurcido textual», que puede validarse con el apelativo latino deconsarcinatio y que fue técnica literaria al uso en la época. El mérito consistía precisamente en conferir coherencia y unidad a la catena, a la secuencia de citas concatenadas en el plano literario, y en hacerlo, tal y como reconoce el autor del Comentario, ensamblando los argumentos de autoridad, brotados secularmente de las plumas de los Padres de la Iglesia, para conferir a la obra la solvencia que persigue en el plano doctrinal».[1]

La Sala de Audiencias estaba abarrotada de cortesanos y clérigos, y estaba claro que no sería una sesión privada, y Mauregato tenía el semblante duro cuando abrió la sesión, saludó a los presentes, y tras la presentaciones, solicitó al abad Fidel que leyera un carta recibida hacia unas semanas desde el arzobispado de Toledo, enviada por su titular desde hacía dos años, un tal Elipando primado toledano, supeditado a los emires de Córdoba, y tal vez esa era el motivo de hacer comparecer a Beato y su discípulo Eterio ante la corte.


El contexto en el que producía estas cuestiones que en parte se iban a tocar, ya venidas de tiempos atás, la temática de «Uno y el Trino» era anterior a la presencia musulmana en Hispania, veía de la mano de Arrio de Alejandría, que ya supuso en el siglo IV in importante cisma ya que presentaba un Jesucristo más asequible y sencillo, un Dios cercano y sin tanta complicación teológica.

Ahora en tiempos de la presencia musulmana en Hispania, y debido al trato entre cristianos y musulmanes, volvían a darse ciertos planteamientos teológicos que estaban en la línea de la herejía, como podían ser los movimientos sabelianos o megecianos, lo cual coincidirá con los mandatos arzobispales de Cixila y Elipando que se vieron obligados a combatir tales ideas en torno al 780. Incluso el papa Adriano I, secundado por Wilcario, arzobispo de Sens, envió al recién nombrado obispo Egila, probablemente un hispano-godo, a Hispania, con el fin de promover una reforma, vinculada a Roma.

El combate contra el migecianismo fue apoyado por Elipando, pero, sin embargo, Migecio logró poner de su lado a Egila, lo que resultó en la Carta a Migecio, donde Elipando combate su herejía. Elipando no estaba en esas tesis, pero aun no negando el dogma de la Santísima Trinidad, es decir, creía que el Hijo era eterno como el Padre y que junto con el Espíritu Santo formaban una sola persona. El problema para Elipando es que el Hijo había sido engendrado por una mujer, por cuyo motivo Jesús no podía tener una «naturaleza» divina, sino solamente humana. Así que la única alternativa que cabía era que el Padre lo hubiera adoptado como su propio Hijo. Su razonamiento enlazaba con la reflexiones cristológicas de autores de la época visigoda como Julián de Toledo, Fidel de Asturias, los obispos Ascárico y Félix de Urgel.

En esas estamos, cuando Fidel, abad de Santianes, acudió al rey con la misiva que le había enviado Elipando, poniendo en solfa el tema antes expuesto y declarando como contrarios a Beato y a Eterio, dado que estos habían realizado diversos escritos en contra de las tesis mantenidas por Elipando, incluso contra su persona y dignidad.

Ilustración 55 Elipando de Toledo

El abad Fidel, que se entiende tenía cercanía con el primado de Toledo, comienza a una seña de Mauregato a leer la carta, que hoy no parece completa, pero que deja a las claras el tema en cuestión:

Carta de Elipando a Fidel abad de Santianes de Pravia

«Quien no confesare que Jesucristo es hijo adoptivo en su humanidad, y no adoptivo en su divinidad, es un hereje y debe ser eliminado. Arrancad el mal de esta tierra (1 Cor 5,13). No me preguntan, sino que quieren enseñar, porque son siervos del Anticristo. Envío la carta del señor obispo Ascárico a tu fraternidad, queridísimo Fidel, para que conozcas cuán grande es la soberbia de los siervos de Cristo la humildad, y cuán grande es la soberbia en los discípulos del Anticristo.

Como el señor Ascárico quiso escribirme estas letras no con la arrogancia del que enseña, sino con el deseo de preguntar, por eso la verdadera humildad le instruyo. En cambio, éstos, llevándome la contraria o tratándome como un ignorante, o pretendieron preguntarme sino enseñarme qué era lo ortodoxo. Y Dios sabe que, aunque hubiesen escrito de forma insolente, yo agradecido debería obedecer si hubiesen dicho cosas verdaderas, recordando lo que está escrito: «Si la revelación la tiene un joven, cállese el anciano». Y también: «Está cerca de Dios aquel que sabe callar ante la razón»

Pero nunca se ha oído que los lebaniegos hayan enseñado a los de Toledo. Todo el mundo sabe que esta sede brilló por sus santas doctrinas desde el mismo inicio de la fe y que nunca fue origen de cisma alguno. ¿Y ahora una oveja sarnosa pretende ser nuestro maestro?

Sin embargo, no quise comunicar estas cosas a nuestros restantes hermanos, antes de que sea cortado de raíz allí donde surgió semejante mal. Porque sería para mí una ignominia si esta afrenta se llega a escuchar en la jurisdicción toledana, que yo y mis restantes hermanos que hace tiempo juzgamos en las tierras de Sevilla y, con la ayuda de Dios, corregimos la herejía de los migecia tanto en lo referente a las fiestas de la Pascua como en sus restantes errores, ahora por el contrario encuentren éstos de qué acusarnos. Y si se actúa sin vigor y no son corregidos por vosotros, se lo comunicaría a los hermanos y sería para vosotros ignominioso si éstos le reprendieran, estando entre vosotros.

Instruya correctamente vuestra fraternidad a nuestro adolescente hermano Eterio, alimentado todavía con leche y que aún no ha llegado a la firmeza del conocimiento perfecto, porque no se ha alimentado con maestros óptimos, sino con ignorantes y cismáticos, a saber, Félix y Beato, llamados así por antífrasis, iguales en virtud y semejantes en el error.

Bonoso y Beato están condenados por el mismo error. Aquél creyó que era hijo adoptivo de la madre y no propiamente engendrado del Padre antes de los siglos, ni encarnado. Este le cree engendrado del Padre y no adoptivo temporalmente de la madre. ¿A quién podré compararlo sino al maniqueo Fausto? Fausto condenó a los patriarcas y a los profetas, éste condena a los doctores antiguos y modernos. Te ruego que, encendidos por el fuego de la fe, os inflaméis de tal vehemencia, que eliminéis de entre vosotros dicho error. De la misma manera que el Señor por medio de sus siervos erradicó de la región de la Bética la herejía migeciana, así también por medio de vosotros arranque totalmente de la región de Asturias la herejía Beatiana.

Pero como he oído que ha aparecido entre vosotros el precursor del Anticristo, el que anuncia que ha nacido ya, te ruego que le preguntes dónde o cómo o cuándo nació. El espíritu mentiroso de los profetas, que habla en él, nos debe mantener alerta.

 ¿Acaso no son lobos los que os dicen: «Creed que Jesucristo es hijo adoptivo, y el que no crea así, sea eliminado; y el obispo metropolitano y el príncipe de la tierra eliminen en una lucha conjunta los cismas de los herejes, uno con la espada de la palabra, ¿y el otro castigando con la vara del poder civil?».

Explicaciones de los monjes lebaniegos.


Concluida la lectura, el auditorio se quedó mudo e interrogaban a los lebaniegos con sus miradas, eso es lo que tanto se temía Beato que su primer escrito contra Elipando no solo hubiera llegado a todas partes, sino que además hubiera tenido repercusiones ya tantas repercusión en el seno de los monasterios como en la propia corte.

El rey pidió enérgicamente explicaciones a los lebaniegos, dirigiéndose al mayor de ellos, o sea a Beato para que le explicara aquello que tanto había molestado al arzobispo metropolitano, y con el que menos quería verse implicado Mauregato, el cual requería explicaciones no solo sobre el la materia en si mismas, sino también sobre las posturas de ambos bandos, y sobre aquello que habían hecho los monjes lebaniegos, y bajo que potestad.

A Beato no les gustaba nada aquella audiencia semipública y ante la petición de rey de que se explicar, este balbució que se le daba mejor escribir que hablar, y comenzó por explicarle al rey que aquello era más bien una polémica sobre el adopcionismo, que era tanto, como decir que «éste [Jesús] es al mismo tiempo Hijo de Dios y del hombre, hijo adoptivo en sus humanidad, y no adoptivo en su divinidad, y que por ello redimió al mundo», en definitiva, se ponía en solfa la divinidad de Jesucristo.

Según el estudioso Fernández Conde «El panfleto teológico de Beato y Eterio parece constituir una especie de manifiesto de la iglesia cántabro-astur que se afirma y se aísla frente a la mozárabe y especialmente frente a Toledo, más tolerante con los musulmanes, y el celo misionero y tolerante de Elipando y de otros obispos de AI-Andalus encubría seguramente la preocupación por frenar los movimientos centrífugos de las iglesias tanto del Noroeste como de la Marca Hispánica, que mermaban la influencia del metropolitano de Toledo.»

Esta sucinta síntesis será de sobra para entender lo que estaba sucediendo, pues no es posible traer aquí todo el repertorio de cruces de cartas y embajadas que este tema suscitó: tres cartas del papa Adriano a Eguila y dos a los obispos hispanos; Cartas de Elipando a Migecio, a los obispos hispanos, carta a los obispos europeos y a Carlomagno a Fidel; dos cartas de Alcuino de York a Félix de Urgel, una de ellas a propósito del libro Siete libros contra Félix de Urgel y así hasta otras casi 15 o 16 cartas más en un entretenido cruce de correspondencia, amén de las embajadas entre astures y francos en tiempos de Carlomagno.


De este tipo de cruces de información, acuerdos y regalos se dieron mediante las tres embajadas que hubo, o de las que están documentadas: la 1ª en el 795 una legación astur visita la corte de Luis hijo de Carlomagno, asentado en Toulouse y responsable de los asuntos de Hispania, a donde acudieron tal vez pidiendo ayuda, puesto que los muslimes había arrasado un año antes Oviedo, y donde trajeron el acuerdo de combatir juntos a Hixan ; luego hubo otra embajada, la 2ª en el 797 a la cual acuden Fruela, que repetía misión, y que irá acompañado de Basilisco, nuevo teólogo antiadopcionista inserto en la corte asturiana, y cuya legación fue recibida por Carlomagno en Herstal, y donde consta la famosa entrega del tienda de campaña del general Abd al-Karim, capturada en la campaña del año anterior (796).

En el otoño de 798 se envió una 3ª embajada a Carlomagno, encabezada por el mismo Fruela y acompañado del ya habitual Basilisco. Además de las noticias del éxito logrado, depositaron en Aquisgrán espléndidos trofeos acreditativos de su victoria, y entregaron al emperador varios moros cautivos.

Al año siguiente, 799, Carlomagno envió a Alfonso II a un tal Jonás, futuro obispo de Orleans. Se supone que informaría a Alfonso II de las medidas que estaban tomando sobre la herejía de Adopcionismo.

Ese mismo año parece ser que un monje, un tal Vicente enviado por Beato de Liébana, se entrevistó con Alcuino en San Martín de Tours. No mucho después viajó a Asturias el nuevo obispo de Tours, Teodulfo, de origen hispano, se especula que indicando a Alfonso II a romper con la jerarquía eclesiástica de Toledo.

La polémica suscitada entre el presbiter de Liébana y el metropolitano de Toledo, y el tinglado que posteriormente hubo de cruces de cartas entre unos y otros, no parece haber tenido gran eco en la corte de Mauregato, lo cual era muy reciente, pero tampoco en tiempo de Alfonso II, ya que no hay apenas intervenciones reales, ni mención de los reyes en los textos de la querella, que se ciñó al campo teológico dirimido por el poder eclesiástico.

Ilustración 56 Alcuino de York

En todo caso Carlomagno se permitió el lujo de convocar un concilio 794 y presentarse como emperador poniendo fin a una grave herejía. No obstante, la querella beneficiaba indirectamente al Reino de Oviedo al manifestar su independencia frente a Toledo, dado que le tema del adopcionismo ponía n serio problema a los francos en sus relaciones con el papado y en linea en lo que estaba proyectando la Carlomagno y su reforma de iglesia carolingia., por ejemplo, las jurisdicciones metropolitanas quedaban bajo el gobierno de un arzobispo, alcanzaban a todo el territorio y los obispos ordenaban la vida de los clérigos. Se impuso, asimismo, la uniformidad en la recepción de los sacramentos y la moral personal y comunitaria, en suma, la transformación de la estructura eclesial en toda regla, lo cual ponía patas arriba el tema de la organización eclesial asturiana.

Volviendo a la corte praviana, Beato fue seriamente amonestado por el rey, pues sin su permiso y conocimiento, este había puesto en jaque na delicada situación política con Toledo, que en esos momentos era un aliado con los territorios de la spania musulmana, y gracias al escrito de Beato, este había soliviantado al arzobispo de Toledo, pues en el fondo la controversia le hacía perder influencia dentro del área que manejaba la iglesia toledana, como primada de Hispania, la cual se consideraba como un reservorio de ortodoxia y saber teológico., y por tanto el adopcionismo se puede entender como un caballo de troya que desintegró los posibles acuerdos de los que se podía partir para reconocerse, partiendo por ejemplo del legado cultural de la iglesia hispana en diversas materias.

Por otra parte, el haber metido de pies y manos en la ecuación a Carlomagno y a la iglesia franca, ya en tiempos de Alfonso II fue lo que le permitió desfragmentar las influencias hispanas presentándola como una iglesia que sostenía graves errores dogmáticos como el tema del adopcionismo que implicaba de lleno a la cristología que defendía el Papado, y dado que Carlomagno se consideraba en la obligación de defender a la iglesia , con la obligación de extender el reino de Dios y velar por la seguridad del Papa y defender la ortodoxia, pues actuaba en función de sus intereses.[2]

Esos peligros lo previa Mauregato cuyo enemigo a tener a raya eran lo muslimes, cuya tarea la facilitaban cuestiones, tan diversas como los cauces familiares, o un cierto acercamiento y sumisión a los dictados de la iglesia toledana, y todo eso ahora estaba en llamas gracias a los escritos de Beato, por eso Mauregato estaba que trinaba con los monjes lebaniegos, a los cuales tenía fuera de su mano, y no tenía noticia cierta de lo que pudiera estar sucediendo en los variados monasterios de la Asturias trasmontana, dad o además el predicamento de Beato en la zona, de cuya posible profundidad era desconocedor.

Lo que no sabía el rey Mauregato, y Beato y Eterio se lo callaron, es que sus moyeras y zurrones, los lebaniego, estaban cociendo a fuego lento, incluso antes de salir de Turieno el pergeñar una contestación al arzobispo Elipando, la cual resultaría demoledora, y que sería conocida como el Apologético.

Aunque esto pertenece a otra serie de entregas, pertenecientes al regreso de Beato y Eterio por el Camino de los Francos a Liebana, en cuyo transcurso viajero irían poniendo en claro sus ideas, una vez hablado con algunos abades de los monasterios que tendrían al paso, para una vez en el scriptorium de Turieno, poner por escrito sus ideas y darlo a conocer en toda su dimensión.

Calmando las iras del rey Mauregato.

 Ante la reprimenda del rey y los cortesanos, el propio Fidel le recomendaba a Beato de Liébana que escribiera algo que calmase al monarca, y tras un par de noches de insomnio fue dándole vueltas a la confección de un posible himno, que empezó titulando como O Dei Verbum, sería parte de un oficio divino de rito mozárabe para la festividad de Santiago Apóstol, en el cual ensalzaba de la figura de Santiago, a la vez que le había un guiño al rey, tanto en lo relativo al acercamiento a la sociedad mozárabe que representaba el propio Elipando y con el cual quería empatar Mauregato.

Cierto es, que se ha puesto en solfa la autoría de Beato con relación a este himno, cuyo texto se ha ensalzado hasta la saciedad como la piedra angular de Santiago como futuro patrón de España, y alter ego del germen de los Caminos de Santiago, al dar presentar al Apóstol Santiago como «cabeza refulgente de España, nuestro protector y patrono nacional».

Con este texto lo que trataba Beato era de ganar tiempo y gozar de la libertad necesaria para poder defender sus posiciones teológicas muy a la contra de la iglesia de spania representada por el arzobispo de Toledo, en la cual se integraba pese a su autonomía la iglesia asturiana, por lo cual era imprescindible y necesario calmar las iras de Mauregato, y que mejor hacerlo con ese himno que escondía un acróstico de esta naturaleza «Oh rey de Reyes, escucha al piadoso rey Mauregato y protegele con tu amor»,

Y falta le hacía al bueno de Mauregato, pues la historia lo pintó solo, sin hijos, con la falsa cruz de la entrega de las cien doncellas a los muslimes, etc, y seguro que apaciguó las iras del rey medio moro,

Todo este desarrollo se va a enmarcar en una época que está por llegar donde la mayoría de los referentes que participaron en la polémica teológica no llegarán a conocer el desenlace del proceso, pues Elipando fallecería en el 805, Carlomagno en el 814, Alcuino de York 804, será precisamente por su mano como se establece la muerte de Beato, y será mediante una carta que ya no tiene constatación, y que se data, según aproximaciones de diversos autores, entre los años 797 y 800, y en la cual en esa fecha Beato, ya hubiera fallecido, aunque algunos autores datan el deceso en el 796, por lo tanto no sabemos si el monje lebaniego vivió la parusía del cambio de siglo.

De hecho Beato vivía convencido del inminente fin del mundo, motivo entre otros , más que probable por el cual se había alejado de la corte asturiana y volviendo su mirada al monasterio de San Martín de Turieno que le había acogido y donde se acababa de trasladar el cuerpo del santo obispo de Toribio de Astorga, († 476), famoso por haber recibido del papa León I Magno, según el Legendario Asturicense, el encargo de erradicar los focos de priscilianismo que aún subsistían en el noroeste de la Península.

Siguiendo con la famosa polémica adopcionista, sin querer hacer spoiler alguno, creo que es más que posible que las cartas que fue escribiendo Elipando, como la Carta a los obispos de las Galias, ya no llegasen a las manos de Beato, aunque por otro lado ignoramos los escritos de los que habla Elipando, sobre que el monje lebaniego andaba escribiendo a todos los lados sobre la conversión de Carlomagno debido a su quehacer.

En esa carta las Galias y en otras cuantas es cuando Elipando califica a Beato de nefando presbítero de Asturias, pseudo cristino y pseudo profeta de una doctrina pestilente […] anti frástico, boca maloliente y cerdo cebado de cuyos perniles cuelga el tocino de Nabuzaradán […] anatematizamos al antífrasis Beato, entregado a la lascivia de la carne y al onagro eterio doctor en bestias que predican que el Hijo de Dios, según su condición de servidumbre humana, no poseyó la adopción de la carne».

Pero todo eso, como digo está por llegar e impactar de lleno en como un torpedo en la base de la monarquía asturiana ya en tiempos de Alfonso II, cuando ya el eclipse de Beato, tras el Apolegético, era una evidencia.

Y desde luego la audiencia con Mauregato y sus cortesanos los monjes lebanenses no parece que sirviera de mucho a raíz que poco despues Mauregato se verá casi en la carrera final hacia su muerte con la publicación del Apologeticvm Adversvs Elipandvm

Victor Guerra 

POSTCAD. UN BUEN DIA PARA VIAJAR


[1] Fernández Vega, Pedro Angel. Estudio crítico de Beato de Liébana. Fundación Ignacio Larramendi. 2019

[2] Calvo Gómez, Jose Antonio. La reforma carolingia del clero secular y la renovación eclesial (siglos VIII-IX). Universidad Pontificia de Salamanca.2021

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